El templo de Salamón




Una vez más quisiera levantar la carpa
cerca de tu corazón.
El campesino en el campo
echa la joven semilla de trigo
en el recién arado surco.
Cada grano, un momento antes de
Tocar la tierra
se transforma en mariposa nocturna
abandonada sin piedad a la luz del día.
Un vez vi esa magia
En tus ojos
en las tapas de un libro regalado.
El perro con su orina señala
los límites de su mundo.
Pitágoras lo hace con ceniza.
Lavé todos mis anzuelos
en agua bendita
antes de bajar hasta el bote,
del fango del río
saqué con las manos
el hace tanto tiempo
escondido remo.
La invisible Menorah
ardía a la luz de agosto
a la entrada de templo.
Una por una
se apagaban
las lejanas estrellas
de melancolía.
Son antiguos las tribus
que primerolas vieron
como en la neblina láctea
nacían en el cielo.
Nunca jamás levantaron
la cabeza.
Todos los que se graduaron
en tus versos
ahora pueden ir cómodamente
al paraíso.
Sin temor
grabar su nombre
en la corteza del joven abedul.
Echar al aire
un puñado de polvo
y esperar
que les caiga en la mente
lo que no cayó
en sus ojos abiertos de par en par.