La segunda muerte



Por lunas fenecidas que guiñaban
a escombros bajo nubes escarlatas;
allá con bosques de fuego de verano,
aquí con estuarios de siniestro humo
tu figura no dejó de reflejarse
en el río lento del vivir.

Mas, de pronto, alma, te perdía,
una madrugada entre bastidores
de carcazas y témpanos celosos
rumbo a bahías de la mala suerte.

Flotando en el eje del recuerdo,
sostenida de lágrimas linternas,
tu imagen clara de antaño
por los horizontes se ha ido esfumando.

Relegada a neblinas de sosiego,
dormirás sin días ni estrellas
con leal constancia encendidas,
junto al murmullo casto de la nada,
en trémulas tristezas del otoño.

De ti quizá recordará tan solo
el rito silencioso allá lejos
de besos entre rocas y estaños
de la isla que contigo, vespertina,
también, y para siempre,
ha sido sumergida.

Buenos Aires, 1960.


Studia Croatica volumen 3-4, año 1961