Elegija


I.

Cuando los grillos cantan
suavízanse los muertos en beatitud
escuchando el crecimiento de las hierbas,
la caída de las castañas,
los llamados de la noche...

Esta música emociona lo que yo llamaba
"mi corazón".
Corazón imperfecto.
No toda voz armoniosa retumbaba en él.
Armoniosa voz de los hombres, mis hermanos.

Sé que es de noche por la queja de las aguas
en el jardín; aguas que sollozan.

Y cuando el relámpago ara el cielo desierto,
una gota humedece
los ojos de mi imagen sobre la cruz de piedra.

Temía tanto a la noche... Ser un Angel oscuro.

Mas la vida va siendo en lo alto del árbol de muerte
y todo es un cálido aliento; sueños de vivos y de muertos
y el claro de luna amarillea la tierra,
reflejo de nieve y silencio.

En el cielo profundo: Deus Absconditus
entre flores de hielo.

II

Cuando era joven me despertaba,
iba hacia el espejo. En sus profundidades
reposaba el cuarto luminoso. Y la alboreda polvorienta del verano.
Y nacía la pregunta: ¿También esos ojos serán muertos?
Y posaba las manos sobre la piedra suave. Y las miraba:
¿También esas manos serán muertas?
No soñarán ya entre las hierbas,
no jugarán sus dedos entre rayos luminosos.
Grande ha sido la tristeza de la vida,
y la dicha opaca el no comprendido llamado del cielo.
Aspiración constante.
Todo ha pasado como el otoño. Como la telaraña
en el cielo azul.

Padre, no soy digno de Ti por la inconstancia
de mi amor en la tierra.
Pero te agradezco por la nieve y la luz
que recuerdo.

Buenos Aires, 1960.


Studia Croatica volumen 3-4, año 1961